El entorno del Palacio Sarmiento fue transformado con más superficie verde, mobiliario urbano y una calle de convivencia con prioridad peatonal. El proyecto realzó un área clave de la vida cultural y educativa de Buenos Aires.
El barrio de Recoleta luce un nuevo rincón recuperado. La Plaza de los Maestros y el Pasaje Pizzurno, dos espacios de fuerte valor histórico y cultural, fueron puestos en valor por el Gobierno de la Ciudad, con una intervención que transformó por completo el entorno del Palacio Sarmiento, sede del Ministerio de Educación de la Nación.
La obra alcanzó al tramo del Pasaje Pizzurno comprendido entre Marcelo T. de Alvear y Paraguay, un sector reconocido por la presencia de instituciones educativas de referencia y edificios emblemáticos. Allí se decidió ampliar la superficie de la plaza hacia el pasaje, reduciendo la circulación vehicular a un único carril nivelado con solado intertrabado. Así se generó una calle de convivencia donde los peatones son protagonistas, logrando una integración armónica con la explanada de acceso al Palacio.
El cambio no se limitó al aspecto funcional. A lo largo del pasaje se sumaron nuevos canteros, dos dársenas para carga y descarga, así como modernas luminarias y mobiliario urbano. Con estas mejoras, el espacio público ganó no solo en comodidad, sino también en seguridad y calidad ambiental. La intervención convirtió a la entrada del Palacio Sarmiento en una explanada que enmarca de manera elegante su valor patrimonial.
En paralelo, la plazoleta fue renovada con una propuesta paisajística que reorganizó bancos, cestos y luminarias. Este rediseño permitió dar mayor orden y realzar la vegetación existente, ofreciendo un espacio más disfrutable para vecinos, estudiantes y quienes transitan diariamente por la zona.
La Plaza de los Maestros, que ya funcionaba como punto de encuentro en Recoleta, se transformó ahora en un gran espacio verde jerarquizado, con el Palacio Sarmiento como telón de fondo. La obra buscó equilibrar lo estético y lo funcional, con el propósito de que el lugar conserve su carácter histórico, pero al mismo tiempo se adapte a las necesidades actuales de convivencia urbana.
Con esta puesta en valor, la Ciudad sumó un nuevo sector recuperado en uno de los barrios más emblemáticos, reafirmando la idea de que los espacios públicos, cuando se cuidan y se piensan para la gente, se convierten en verdaderos escenarios de vida cotidiana y memoria compartida.