Después de años de uso intensivo y reiterados problemas vinculados al barro y la acumulación de agua, la Ciudad renovó el espacio para mascotas de la Plaza Mario Amaya, en Boedo, con una obra que apunta a mejorar las condiciones sanitarias y de circulación dentro del predio.
El sector intervenido, ubicado sobre Constitución al 3600, había quedado deteriorado por el desgaste diario y las lluvias, una situación que complicaba tanto a quienes paseaban a sus perros como a las tareas de limpieza y mantenimiento. Con el paso del tiempo, la superficie de tierra se convertía en barro y hacía prácticamente imposible utilizar el canil en condiciones normales durante varios días.
Para revertir ese escenario, el Gobierno porteño reemplazó el suelo original por un piso drenante de adoquines intertrabados que permite filtrar el agua y evitar anegamientos. La nueva superficie también fue diseñada para soportar mejor el tránsito constante de animales y facilitar la higiene del lugar.
La remodelación incluyó además un sistema de desagües conectado al cordón cuneta para acelerar la evacuación del agua de lluvia y evitar la formación de charcos dentro del espacio cerrado.
Otro de los puntos que se reforzó fue la seguridad del perímetro. Parte de la reja existente fue reacondicionada con malla metálica para reducir posibles escapes de perros, una de las principales preocupaciones de quienes utilizan el canil a diario.
La intervención suma además mejoras visuales y de ordenamiento urbano, con la incorporación de un cantero lineal y nuevas delimitaciones internas que reorganizan el espacio.
El crecimiento de áreas exclusivas para mascotas en plazas y parques porteños se consolidó en los últimos años como una de las demandas más frecuentes entre vecinos de barrios con fuerte densidad urbana. En ese contexto, la renovación del canil de Plaza Mario Amaya busca responder a una problemática cotidiana: mantener espacios públicos utilizables incluso después de las lluvias.