La actriz y vedette fue ovacionada en el Teatro Nacional Cervantes durante una función de La revista del Cervantes, donde recordó sus inicios junto a su familia y destacó el talento de las nuevas generaciones.
En una noche cargada de emoción, Carmen Barbieri volvió a los escenarios que marcaron su vida artística para celebrar medio siglo de trayectoria en la revista porteña. El homenaje tuvo lugar en el Teatro Nacional Cervantes, donde la histórica vedette fue invitada de honor durante la función de La revista del Cervantes, uno de los mayores éxitos teatrales del año en el territorio porteño. Ante una sala colmada, el público se puso de pie para aplaudirla, mientras la artista revivía los recuerdos de una carrera que dejó huella en el género.
Barbieri fue recibida en el palco principal por Gonzalo Demaria, director del Cervantes, y acompañada por colegas y amigos. Con la emoción a flor de piel, expresó que vivió “una noche a pura emoción” mientras disfrutaba del espectáculo. La artista pertenece a una familia profundamente ligada al mundo del entretenimiento: su abuelo Guillermo Barbieri, guitarrista de Carlos Gardel, murió junto al Zorzal Criollo en la tragedia de Medellín; su padre, Alfredo Barbieri, también fue un reconocido comediante, y su hijo, Federico Bal, continúa el legado familiar.
Durante la función, Carmen se mostró especialmente conmovida por los pasajes que evocaron momentos emblemáticos del humor y la música nacional. Aplaudió la interpretación de Sebastián Suñé, quien rindió tributo a Enrique Pinti, y la de Marco Antonio Caponi, en el papel de Tato Bores. También se emocionó al escuchar la versión del tango “Yira, yira”, de Enrique Santos Discépolo, interpretado por Alejandra Radano. Esa pieza fue registrada por Gardel junto a su abuelo en 1931, lo que sumó una carga simbólica especial a la velada.
El espectáculo, que combina humor, danza y música en vivo, cuenta con un elenco numeroso que incluye a Carlos Casella, Monna Antonópulos, Javier Marra, Fabián Minelli, Fran Andrade, Romina Groppo, Jessica Abouchain, María Rojí y Nacho Pérez Cortés, además de la orquesta del Cervantes y la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Entre los momentos más celebrados por el público se destacaron los números cómicos protagonizados por Fabián Minelli e Iride Mockert, a quien Barbieri elogió especialmente por su carisma sobre el escenario.
Al finalizar la función, la artista se levantó de su asiento para aplaudir de pie a los más de 60 intérpretes presentes. En ese instante, Sebastián Suñé la presentó ante el público como una “artista de raza que es tercera generación de artistas”, lo que generó una nueva ovación. Desde el palco, Carmen agradeció con emoción: “Estoy viviendo una noche a pura emoción, gracias por este tributo al género revisteril y a quienes hicieron la historia de la revista porteña y argentina”.
Luego del espectáculo, la actriz visitó los camarines para saludar a cada integrante del elenco y compartir anécdotas con las vedettes cómicas. En ese recorrido, se reunió con Monna Antonópulos, la primera vedette de la obra, y con artistas como Jessica Abouchain y Romina Groppo. En medio de los abrazos y risas, pronunció una frase que sintetizó su sentir: “Con la Antonópulos y ustedes yo vuelvo a ponerme las plumas”.
El reencuentro de Barbieri con el género que la consagró despertó inevitablemente la memoria de su debut, ocurrido en 1975 en el teatro Lola Membrives, donde compartió escenario con su padre en la obra Aquí se mata de risa. Allí imitó a Liza Minnelli en Cabaret, un número que marcó el inicio de una carrera destinada al brillo y la popularidad. Desde entonces, su nombre quedó asociado al esplendor de la revista, un género que definió buena parte de la identidad teatral de Buenos Aires.