Mientras gran parte de la Ciudad duerme, un enorme operativo de higiene urbana se pone en marcha cada noche en calles, avenidas y barrios porteños. Barrido, recolección, lavado de veredas y reciclado forman parte de un sistema que funciona los 365 días del año y que busca sostener la limpieza en las siete zonas en las que está dividida Buenos Aires.
Detrás del servicio trabajan miles de personas entre recolectores, barrenderos, choferes y recuperadores urbanos. Pero el funcionamiento del sistema también depende de la participación de los vecinos, especialmente al momento de separar los residuos.
La primera parte del circuito empieza en cada hogar. Los residuos húmedos —como restos de comida, pañales o papeles sucios— deben depositarse en bolsas negras dentro de los contenedores grises o negros de domingo a viernes entre las 19 y las 21 horas. Los sábados no hay servicio de recolección domiciliaria.
En paralelo, los reciclables como papel, cartón, plástico, metal y vidrio tienen su propio recorrido. Deben colocarse limpios y secos en bolsas verdes y llevarse a los contenedores verdes, Puntos Verdes o entregarse a recuperadores urbanos asignados a edificios y comercios.
Además, la Ciudad recuerda que algunos residuos requieren un tratamiento especial. El aceite de cocina usado debe guardarse en botellas plásticas y llevarse a los Puntos Verdes, mientras que pilas, baterías y aparatos electrónicos cuentan con espacios específicos para su disposición segura debido a sus componentes contaminantes.
En el caso de muebles viejos, colchones o escombros, el retiro se realiza de manera gratuita pero con solicitud previa a través de la línea 147, Boti o la aplicación BA 147. Desde el Gobierno porteño insisten en que los objetos deben sacarse a la calle únicamente en el horario indicado para evitar acumulación de residuos en la vía pública.
El sistema de reciclado también cumple un rol clave dentro del esquema de higiene urbana. Los materiales recuperados llegan a los Centros Verdes, donde son clasificados y preparados para volver a la industria como nuevos insumos. El proceso, además de reducir la basura enviada a rellenos sanitarios, sostiene el trabajo de miles de recuperadores urbanos.
Otro de los puntos sobre los que hacen foco las autoridades es el mantenimiento de las veredas. El barrido sigue siendo responsabilidad de cada frentista, que debe embolsar los residuos y colocarlos dentro de los contenedores correspondientes.
Con una estructura que trabaja sin pausas durante todo el año, la Ciudad apuesta a reforzar la limpieza urbana y concientizar sobre la importancia de la separación de residuos para mejorar el funcionamiento del sistema.